Mata Hari. La fuerza de un Mito

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Mata Hari. La fuerza de un Mito

Mensaje por burt_minorrot el Sáb Sep 10, 2011 2:48 am

Con este tran sugerente titulo quiero presentar la historia de esta extraordinaria mujer, Margarethe Gertrude Zelle o Margarethe Mac Leod desde 1871.

Esta historia se ha presentado en el Blog de Europe 1900 para poder ambientarla como personaje Pulp de una partida, bien sea como personaje no jugador o bien sea como personaje de algún jugador.

Pero entremos en materia, si me lo permiten.

Encontrado en http://www.diasporaweb.es/36.html



La fuerza de un mito que dura un siglo y de una tremenda injusticia de altos mando militares franceses que no había de repetirse con los simples soldados para justificar su ineficacia. De milagro los aliados pudieron ganar esa guerra, emprendida “para que no hubiera mas guerras”.
Para muchos novelistas del género de espionaje, Margarethe Gertrude Zelle, desde 1871 Margarethe Mac Leod fue "la más hábil espía del siglo XX". La hemos elegido un poco al azar para nuestro espacio de mujeres-enigma, porque es uno de los mitos que aunque dura años y años, cuando alguien habla o escribe del espionaje femenino, la asocia instintivamente con Mata Hari.
Nació el 7 de agosto de 1876 en Leeurwardeb, una pequeña villa del noroeste de Holanda como Margaretha Gertruida Zelle, hija de un sombrerero pronto arruinado. Se casó en 1895 con Rudolph MacLeod, un oficial del ejército holandés. Tuvieron dos hijos, uno de los cuales murió a temprana edad. Vivieron en las entonces Indias holandesas, pero la monotonía de la vida castrense y colonial se le hacía insoportable y más por su espíritu aventurero y sus utopías. En 1902 se fueron a Holanda y cinco meses después, ella dejó el domicilio conyugal y él se quedó con su hija.
A los 26 años ella abrazó una vida de aventuras amorosas, flirts y actividades más o menos artísticas o similares con personajes de la alta sociedad. No era una mujer fea pero tampoco tenía la belleza irresistible con que el cine la ha adornado. Los hombres admiraban unos labios bien dibujados, su aire misterioso y su forma de andar. Tenía una espalda y brazos demasiados grandes y se daba especial maña para el baile oriental, que había visto en la colonia holandesa. Realmente era una mujer atractiva y de aire distinguido. A su llegada a Holanda se hacía llamar Lady MacLeod. Sola ya se fue a Francia, pero para ganar buen dinero se decidió por la carrera de bailarina oriental con el hombre de "Mata-Hari" que significa "La Mirada del Día". Se fabricó una biografía pintoresca y fantástica de su vida, que contaba con detalle su exuberante pasado en el sur de India y en Java. Y afirmaba que desde pequeña fue iniciada en "danzas orientales" por sus padres, famosos bailarines.
Hizo una exhibición en el Museo Guimet (París) en marzo de 1905. Y gustó mucho por sus movimientos sinuosos y escotes generosos, así como por su simpatía.
La dirección del museo habilitó unas habitaciones en el segundo piso para atraer a clientes distinguidos. Con muy poca ropa y muy vaporosa, los brazos adornados con brazaletes orientales, así como pendientes y joyas y maquillada por un especialista, llenaba el salón de diplomáticos, militares, hombres muy ricos, algunos de cierta edad ávidos de exotismo sexy. En su aditorio eran fijos los embajadores de Alemania, Holanda, Japón, Inglaterra, etc. y todo tipo de personajes.
Lanzada ya como cortesana, noches locas, amores fugaces, amante inconstante, se enamoró por fin del subteniente de húsares Alfred Kiepert. Pero su unión duró sólo dos años y ella le dejó. Mata Hari había cumplido ya los 30 y se quedaba en la calle, pero su empresario Gabriel Astruc no quería arruinarse y la paseó por Italia para terminar en Folies-Bêrgére (París). Pronto la mandaron a Alemania, donde se instaló en marzo de 1914.

Cuando estalló la Gran Guerra



Pero la Gran Guerra (1914-1918) estalló cuatro meses después y Mata- Hari decidió volver a Holanda del brazo de su nuevo protector, el Barón Van der Capellen. Aburrida de la vida provincial de Holanda (que era neutral en la guerra) se decidió una vez más a refugiarse en París. Allí en 1916 la bailarina recibió la visita de Karl Cramer, el cónsul de Alemania en Amsterdam, oficial del jefe del famoso Walter Nicolai, jefe del espionaje alemán, algo menor que ella, formado en la tradición protestante prusiana. Mata Hari tenía su ficha como estrella del Museo Guimet, pero la lista incluía también espías de verdad, como Marthe Richard, Fraulein Doktor y una decena más de mujeres fatales.
En 1916 por sugerencia de Ludendorff, jefe del Estado Mayor de Hindenburg, Walter Nicolai recibió la orden de extender su red por Europa, única forma de que el Kaiser no perdiera aquella cruenta guerra de trincheras, lodo y sangre.
El asiduo visitante de su casa, Karl Cramer, la cortejó y pronto los sobres con billetes en francos empezaron a llover en el domicilio de la bailarina por "servicios rendidos". Mata Hari tenía al mismo tiempo otro flirt con el joven oficial ruso Vadim Maslov, que era seguido de cerca por el capitán Ladoux, del contraespionaje francés. Para contrarrestara los rusos la bailarina empezó a recibir también dinero del francés. O sea, era de hecho agente doble, ahora. Por indicación u orden del capitán Ladoux, la espía se fue a España.
Otra espía alemana que hemos citado Marthe Richard la recibió en Madrid porque los alemanes estaban interesados y comprometidos en vigilar las costas u puertos españoles, cobijo de submarinos del Kaiser. Madrid era, en la primera guerra europea, lo que fue Lisboa en la segunda: un nido de espías, espías-dobles, y cortesanas, vividores, pseudo-intelectuales, contrabandistas de armas, etc. que vivían de sus diversos oficios. Y también como tapadera de sus jefes en el espionaje.
El nombre clave de ella en Berlín era, "Agente H-21" y eso formaba parte de su leyenda cuando recibió del policía francés Ladoux la orden de irse a París para recibir instrucciones para un futuro viaje a Marruecos.
Y el 2 de enero de 1917, estaba en Paris justamente cuando Ladoux interceptó un mensaje alemán en que se le citaba al Agente H-21. El sol parecía brilla a los pies de la "bailarina oriental" y su ascenso parecía inminente.
Esa es una de las historias de las mil que se han contado porque sobre su paso por Madrid en ellas aparecen los nombres del Almirante Wilhem Canaris, el Conde de Romanones y otros muchos que la visitaban en su piso del Paseo de la Castellana. Los ingleses que estaban mezclados en ese mundo, el Special Branch, según algunos autores sabía que le confundían a Margaretha con Klara Bendiz, una estrella del espionaje germano, pero también que esta era sólo una aventurera. No fue a Marruecos sino que se quedó en París.

Juicio sin pruebas concluyentes.

Aunque excepto el dinero francés que recibía de ambos bandos y las relaciones amorosas con ellos diplomáticos (y espías) no parecía haber nada que pudiera tomarse como prueba de espionaje, el 13 de febrero 1917, cuando ya el Kaiser tenía preparadas siempre las maletas para exilarse en Holanda en caso de perder, la Central de Información francesa irrumpió en la casa de Mata Hari en París. Iban el jefe de la "Sureté" francesa, general Priolet y seis o siete adjuntos, de civil. Ella vivía a lo grande en un hotel de los Campos Elíseos. No se escondía. Con grandes medidas de precaución fue trasladada -sin ser interrogada- a la prisión Saint-Lazare.
En el interrogatorio del fiscal salieron a colación sus continuos movimientos por diversos países europeos y ella respondió que viajaba para agradar a sus amantes, que no se podían nombrar sino por seudónimo. Se captó la simpatía del auditorio. Luego salió a colación -sacada por la testigo de la acusación Samprou- el tema dinero. Era una mujer adinerada que dilapidaba su oro con generosidad. ¿De dónde salía?
¿Es que voy a ser culpable porque los hombres se enamoren de mi y me regalen dinero o porque se suiciden por mi?, decía. Tal afirmación hubiera sino más convincente en los labios de una mujer exuberante, en plena forma, pero en el caso de Mata Hari, reducido su rostro a la mínima expresión por la vida ajetreada y con un cuerpo redondo y sin formas. ya en la cuarentena, no sonaba a nada. Sin embargo teniendo en cuenta que era el primer juicio contra una mujer espía conocida en esa primera guerra europea (Mata Hari fue la que en realidad introduje el arte de la espía-cortesana). Las simpatías estaban de su parte: excitaba la imaginación.
El segundo día del juicio, el fiscal comenzó a examinar la batalla de Vittel acusando a la procesada de la muerte "no de decenas sino de centenares de hombres" como consecuencia de las informaciones extraídas al capitán ruso Masilov. Mata Hari se vio desarmada y casi no intentó defenderse. La partida estaba perdida. Como se trataba de un juicio sumarísimo, la sentencia se pronunció de inmediato y Margarethe fue hallada culpable y condenada a la última pena.

Sentencia de muerte por fusilamiento.



La sentencia de muerte fue pronunciada solemne y con elocuencia castrense, aunque sin hechos ni documentos y Mata Hari volvió a la prisión de Saint-Lazare sin perder la secreta esperanza de que la apelación presentada por su abogado sería oída. Al día siguiente los periódicos publicaban la gran noticia en grandes detalles y fotografías de la espía y hasta dibujos semi desnuda. Se produjo una gran polémica por el hecho de ser sentenciada una mujer, cosa insólita que no podía ser atada a un poste y fusilada como a un soldado cualquiera. Otros por el contrario, creían que merecía ser ahorcada y que el pelotón de fusilamiento era demasiado honor para una espía extranjera que había provocado la muerte de tantos combatientes aliados.
Si quienes montaron el juicio de Mata Hari esperaban distraer la atención de problemas mucho más graves, lo consiguieron. Durante semanas y semanas el hombre de Mata Hari hizo noticia. La tesis de los historiadores y de los profesionales era que la desgarbada holandesa era un "chivo espiatorio", a la que se había elegido para ocultar algún error grave de táctica o de discreción por parte del Alto Mando. Nadie se extrañó que de sus centenares de amantes, ninguno saliera a defenderla.
Los rumores circulaban y hasta se decía que Mata Hari tenía en la prisión una celda especial, atendida por un servicio con guante blanco, exclusivo para ella y que, a pesar de la escasez, se bañaba en leche todos los días. Pura imaginación.
Sus simpatizantes comenzaron a escribirle a la prisión de Saint Lazare y ella no tenía tiempo ni de abrir las cartas. Ni humor. Luego en las revistas de aquellos días aparecieron cartas con los consejos más enrevesados, tanto para su fuga como para lo que debía hacer si era amnistiada para lavar su nombre de tanta infamia.
Pero la fecha inexorable llegó y cuando en coche militar cerrado llegó a Vincennes a las 5:40 de la mañana. Había allí congregadas unas 5.000 personas, a las que una compañía de soldados franceses mantenía a raya.
Llegada al lugar, tres soldados procedieron a atarla a un poste. Un oficial se acercó y leyó, una vez más la sentencia. Luego se acercó un médico para vendar los ojos, lo que ella en un gesto de dignidad rechazó.
Mata Hari vestía un abrigo negro de terciopelo, con botones y cinturón y un sombrero de piel. En el suelo quedó su manguito de piel. Por debajo del abrigo asomaba un vestido gris y se le veían las botas atadas con lazos de diferente color. Miró a los soldados del pelotón y en un último esfuerzo de coraje dio la orden de fuego. Doce disparos surcaron el aire húmedo del otoño parisino y Mata Hari se desplomó. Un sargento sacó su arma y le disparó el tiro de gracia. Los pájaros -que habían huido espantados por el estruendo- volvieron a los árboles del campo de tiro de Vincennes comenzaron a cantar de nuevo como si nada hubiera ocurrido.

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Re: Mata Hari. La fuerza de un Mito

Mensaje por Alfaya el Miér Oct 12, 2011 7:03 pm

Estimado Sr. Minorrot,

Espero no desviarme demasiado del tema, pero al leer de nuevo estas líneas no he podido evitar recordar a una paisana mía: Araceli González Carballo, la llamada "Mata Hari gallega" que, junto a su marido Juan Pujol jugó un importante papel en el desembarco de Normandía. Por si tienen curiosidad añado un par de enlaces sobre esta dama:

# "Araceli, la Mata Hari gallega"
# "Araceli, la Mata Hari gallega" - Un documental recupera la figura de la espía lucense, que fue clave en Normandía

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Re: Mata Hari. La fuerza de un Mito

Mensaje por burt_minorrot el Miér Oct 12, 2011 9:41 pm

Mmmmm... Muy interesante información. De Juan Pujol si que conocía su historia, pero no sabía que su mujer interviniese en "los negocios familiares".

Saludos.
Burt.

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Re: Mata Hari. La fuerza de un Mito

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