[Reto de abril 2011] + El caso del Rubí de Bohemia

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[Reto de abril 2011] + El caso del Rubí de Bohemia

Mensaje por mr. Boffin el Miér Mar 30, 2011 9:13 pm

Creo que lo más irónico de este trabajo es lo rápido que se puede pasar de recorrer los barrios más bajos de las más repugnantes cloacas para verse de repente en las más suntuosas y opulentas casas señoriales de todo el Imperio.
—Residencia de lord Balfour — anunció el mayordomo, coronado por un enorme bombín, como si pretendiese que la oscuridad de la noche no me había permitido ver claramente dónde me hallaba—. ¿A quién debo anunciar?
—¿A quién anunciar? —repetí sorprendida—. Pues… a mí… es decir, la señorita Elizabeth Vandergrift —respondí un tanto cohibida.
El mayordomo se quedó mirándome un segundo, durante el cual lamenté haber recibido tan poca instrucción en cuanto a relaciones diplomáticas con este tipo de gente.
Sonreí nerviosa, sin saber qué decir, a lo cual el mayordomo continuó, abriéndome camino hacia el interior:
—La anunciaré a lady Catherine. Tenga la bondad de pasar a la biblioteca.
Pasé nerviosa, tratando de calmarme, y respondí a su orden como si de un militar se tratase.

Lady Balfour estaba muy alterada, y firmemente convencida de que El Gato Blanco, que por aquel entonces actuaba en Londres, había sido el culpable del robo de su más preciada posesión: el Rubí de Bohemia, una joya valorada en 50.000 libras que llevaba tres generaciones en su familia. Pero El Gato Blanco jamás se atrevería en casa de un lord. Estaba muy alterada, así que decidí calmarla un poco antes de pedirle que me llevase a la sala en la que guardaba la joya.
—Desapareció a la hora del té —comenzó entrando en su cuarto—. Estaba ahí, en mi joyero —y señaló al joyero abierto sobre un lujosísimo tocador.
Todo sobre él había sido revuelto, incluso había joyas tiradas por fuera del joyero y algunas perlas por el suelo.
—Señora, un detalle trascendental salta a la vista.
—¿En serio? ¿A qué se refiere?
—No ha desaparecido ninguna joya más. ¿Por qué habría El Gato Blanco dejado este botín?
—Llevaba prisa, o su único objetivo era el rubí.
—Señora, créame, él no habría desperdiciado esto; lo que me lleva a una pregunta un tanto delicado.
—Con total libertad, por favor, si sirve para dar con él.
—Bien. ¿Hay alguien entre su servicio que tenga… digamos, algo contra usted?
—¿Contra mí? ¿Quién? Los trato a todo excelentemente. Me adoran.
—Entonces, ¿ha tenido algún conflicto con algún miembro de su familia? ¿Alguien que desease tener en su poder esta joya como herencia familiar tanto como para…?
—Claro que no. Descendemos de un linaje muy puro, con normas muy elevadas.
“Eso no es óbice”, pensé para mis adentros, mientras asentía.
—¿Le importa si…? —y señalé en torno.
—No, claro que no. Haga su trabajo.
Me dispuse, pues, a “hacer mi trabajo”. Al revisar la habitación encontré dos detalles dignos de mención: primero, nada, más que el tocador, revuelto sin contemplaciones, había sido manipulado en toda la tarde; segundo, un gran número de cabellos blancos en tocador y joyero. Apañé tres o cuatro entre el pulgar y el índice.


Última edición por mr. Boffin el Jue Abr 07, 2011 12:46 pm, editado 1 vez

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Re: [Reto de abril 2011] + El caso del Rubí de Bohemia

Mensaje por mr. Boffin el Jue Abr 07, 2011 12:45 pm

—Dios mío, ¿ve lo que decía? Es su firma. ¿Cómo se atreve a robar a un lord?
—Espere, lady Catherine. Reconozco que es parte de la tarjeta de visita de El Gato Blanco, pero no tiene sentido. Él deja un mechón de cabello dentro de un sobre sellado con lacre con las iniciales GB y su firma al dorso. Aquí no hay nada de eso.
—No tuvo tiempo. Algo le apremiaría a huir precipitadamente solo con el rubí.
—¿Sin tiempo de coger más joyas? No, señora. Si hay pelo es porque ya estaba preparando su firma. Y nunca lo haría sin tener el botín completo. Sería absurdo.
—¿Y si se le cae el pelo? Puede que sufra algún tipo de enfermedad que…
Se paró en seco, exhausta. Traté de calmarla de nuevo.
—Conozco bien el caso, a pesar de no trabajar en él. Y nunca oí que se encontrase pelo blanco fuera del correspondiente sobre. No, tiene que ser otra cosa.
Dejando de lado estos dos asuntos de mayor importancia, traté de dirigir mi atención a los secundarios.
—¿Y esta taza de té?
—La dejé ahí, sobre el tocador, al comprobar que la joya no estaba.
—¿Estaba usted tomando el té aquí?
—No. En la sala adyacente. Vine aquí porque sentí una corriente desagradable de aire y tenía la sospecha de que había una ventana abierta.
—¿Y trajo la taza consigo?
—Sí.
—¿La ventana estaba abierta?
—Sí.
—¿En qué momento se había abierto?
—No lo sé. Pero mis cervicales dan fe de que debía de llevar al menos una hora.
—¿Está usted segura de eso?
—Totalmente.
—Bien. Me fiaré de sus cervicales. ¿Y usted había estado en esta sala durante esa hora anterior?
—Había venido un par de veces antes de ir a tomar el té. Y no había nada fuera de lugar.
—Excelente. Y cuando vino y comprobó que la ventana estaba abierta, ¿qué hizo?
—Llamar a Hutter para que la cerrase, por supuesto.
A pesar de la ironía, Hutter (“sombrerero”) era el nombre del mayordomo. Luego me enteraría de que Mad (“loco”) era su nombre de pila.
—Luego este par de guantes es de él, supongo.
—¿Guantes?
Aparté las cortinas y se los mostré. Un par de guantes negros. Ya había deducido que no eran de Hutter. Las manchas de tierra y las características marcas de desgaste dejadas en ambos guantes, y en el derecho por efecto de sujetar un instrumento con fuerza, señalaban a riendas y fusta, a un cochero; pero quería que la señora misma me lo explicase.
Lady Catherine se acercó a la ventana, y cogió los guantes.
—Son de Blanchard.
—¿El cochero?
—Sí. Es que esta ventana se atranca, y siempre da problemas. Hutter no fue capaz de cerrarla, así que llamó a Blanchard.
—Pero, ¿por qué se quitó los guantes? No creo que se presentara con ellos puestos ante usted y se los quitase para abrir la ventana.
—Claro que no. Se los quitó luego para coger unas monedas de propina que le di, ya que no es un trabajo para el que ha sido contratado.
—Qué gesto de su parte. Eso le honra.
—Ya le dije que provengo de una familia muy honorable.
—Y con ese trato dispensado hasta al cochero ya entiendo por qué todo el servicio la adora…
La señora asintió orgullosa, mientras se me ocurrió mirar a través de la ventana para ver si era viable que el ladrón hubiese entrado por ella.

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Re: [Reto de abril 2011] + El caso del Rubí de Bohemia

Mensaje por mr. Boffin el Jue Abr 07, 2011 12:45 pm

—Una altura considerable, ¿no?
—Desde luego. Nunca me he atrevido siquiera a asomarme.
Abrí la ventana sin esfuerzo —Hutter debe tener el lumbago en las últimas— y me asomé en todas direcciones. A pesar de la oscuridad, la luz de la casa me permitió adivinar que no había donde agarrase o trepar. Era imposible que un ladrón trepase hasta la ventana misteriosamente abierta.
Devolví la cabeza al interior y me giré apoyándome en el antepecho, mirando el estrecho pasillo que restaba entre la enorme cama de la señora y el tocador. Había que pasar por ese angosto espacio para volver de la ventana a la puerta. Hutter y Blanchard habían tenido que salir rozando el tocador.
—¿Qué pasó con Hutter? —dije, volviendo al incidente.
—Se fue, por supuesto. Dijo que debía continuar con sus labores. Aquí ya no era solícita su presencia.
—¿Y el joyero estaba abierto?
—Supongo. Porque no me percaté del robo hasta que Blanchard también se fue, dejándome sola.
“Pudo haberlo abierto Hutter, con gran habilidad”, pensé, “con la señora distraída y el cochero ocupado. Pero, ¿a qué este estropicio? Si todo este revuelo fue provocado por él, ¿cómo no se percataron ellos? Y, ¿el pelo? Aunque el estúpido bombín esconda un problema grave de alopecia, no creo que…”
—Lady Catherine, ¿el señor Hutter llevaba el bombín puesto cuando acudió a su llamada?
—Por supuesto, es parte del uniforme.
“Parte del uniforme, por supuesto”, pensé extrañada, “a menos que se inclinase para reverenciar al tocador o se hubiese parado para mirarse la coronilla en el espej… o se hubiese visto obligado a esconder el rubí en el enorme hueco que debe de reinar entre su coronilla y el bombín”.
Si tuviese tiempo, iría al laboratorio para analizarlo. Me limite a mirarlo con cuidado, y lo acerqué a la nariz... Sonreí, al fin. No precisé más laboratorio que el que Dios, en su sabiduría, me dio. Con aquel olor, ya sabía quién era el ladrón.
No quise precipitarme en dar a conocer mis conclusiones a lady Catherine, decidí pasar a la otra habitación.

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Re: [Reto de abril 2011] + El caso del Rubí de Bohemia

Mensaje por mr. Boffin el Jue Abr 07, 2011 12:45 pm

Lo primero que llamó mi atención de la sala de té fue un ratón de juguete. Un ratón en medio de la sala.
—¿Y eso? —pregunté sonriendo.
—Oh, es de Lynch. Siempre deja sus cosas por ahí. Dispénseme —volvió al pasillo y bisbiseó: “Lynch, el ratoncito.”
Lady Catherine volvió a entrar, junto a mí, seguida de cerca por un precioso gato persa que se me enredó entre las piernas en cuanto llegó, suplicando caricias y mimos. No pude evitar la tentación.
—¿Puedo?
—Por supuesto, ¿cómo resistirse?
Acaricié al gato con precaución. Traté de que viese mis intenciones con antelación y lo acaricié con mimo. Lo cogí entre mis brazos cuando comenzó a ronronear. Hice ademán de besarlo mientras le decía esas tonterías que solo se dicen a niños o gatos y lo olí. Lo dejé de nuevo en el suelo cuando se cansó de arrumacos. Es lo que tienen los gatos. Hay que seguir sus protocolos. Les gustan los mimos y besos, pero tienen su orgullo.
Se posó delicadamente y se dirigió a recoger su ratón para llevarlo a una esquina, donde tenía una enorme cama con un confortable cojín; más costoso que mi sueldo, seguramente.
Sobre la mesita de té faltaba la taza que lady Catherine había llevado a su habitación. Aparte, azúcar, medio limón, una jarra con algo de leche y un plato con bollos.
Me agaché junto al gato y, desde su perspectiva, mirando en torno, pude ver, bajo un mueble, una trampa para ratones.
—¿Este gato caza ratones?
—Qué cosas dice usted. Lynch es un gato elegante, no debe hacer ese tipo de cosas.
—Pero a veces se mete en líos…
—Sí, a veces es un tanto rebelde. Debo reconocerlo.
El gato se relamió el hocico satisfecho y bostezó como si, entendiendo nuestros comentarios, se sintiese satisfecho de sí mismo.
Un tocador removido. Un joyero abierto. Un único objeto sustraído. Pelo blanco por doquier. No pude evitar soltar una carcajada, mirando a aquel bribón.
—¿De qué se ríe?
—Disculpe la grosería de estar aquí agachada riendo —comencé.
—Desde luego no he querido decirle nada, pero no es propio de una dama.
Eran cosas como esa las que me jugaban malas pasadas con gente de esa que tiene “clase”. Traté de excusarme, quitándole hierro al asunto.
—Disculpe, pero es preciso. Se lo mostraré —y me dirigí a Lynch—. Disculpa, muchacho, pero voy a tener que molestarte un momento.
Metí la mano con cuidado bajo el cojín del gato, sabiendo a lo que me exponía. Palpé el ratón que segundos antes le había visto guardar. Algo pegajoso… un bollo, uno de los bollos del té. Y palpé… algo frío, duro y, sin duda, brillante. Lo sujeté y tiré con cuidado de no molestar a Lynch.
No hizo falta que le diese mucho la luz para saber lo que era. Brilló con toda su intensidad antes de que hubiese podido sacarlo del todo.
Allí estaba, tocado con algún que otro pelo de gato blanco y un tanto manchado de crema.
Sin que lady Catherine se percatase se lo di a lamer al gato, que no tardó en sacarle la crema, y luego lo limpié en las faldas de mi vestido, cubriendo la grosería con mi cuerpo.
Me alcé al fin, ante la expectante mirada de lady Catherine y alcé en alto el Rubí de Bohemia para que brillase con todas las luces de la sala.
—Tenía usted razón, lady Catherine. Ha sido el gato blanco.

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