Nellie Bly: Genial reportera de Pulitzer

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Nellie Bly: Genial reportera de Pulitzer

Mensaje por Arkelao el Mar Dic 08, 2009 4:34 pm

-Publicado en el diario ABC el martes 8 de diciembre-

El 14 de noviembre de 1889, el «New York World» de Lord Joseph Pulitzer, se preguntaba en un gran titular: «¿Es el gran sueño de Jules Verne compatible con la realidad?». El rotativo sensacionalista, rival de los diarios de William Randolph Hearst, enviaba a su más intrépida reportera, Elizabeth Jane Cochran (1864-1922), conocida por el pseudónimo de Nellie Bly, a dar la vuelta al mundo.
Lectora de Verne, la reportera devino pionera del nuevo periodismo cuando en el año 1887 ingresó en un sanatorio mental de Blackwell´ Island: y salió con la serie de crónicas «Diez días en un manicomio» que publica, por primera vez en España, Ediciones Buck. Aquella chica veinteañera de Pennsylvania había corrido mundo. Una infancia problemática le hizo mudarse a Pittsburgh con dieciséis años. Tras escribir contra un artículo sexista del «Pittsburgh Dispatch» comenzó a trabajar en la sección de sociedad con reportajes sobre las desigualdades que padecían las mujeres. Nellie se metió en la piel de las sirvientas y fue «esclava blanca» en una fábrica de cajas de cartón; defendió la reforma del divorcio y en 1885 fue corresponsal en México: sus crónicas contra el gobierno corrupto del dictador Porfirio Díaz provocaron su expulsión del país.

Fichaje estrella

Con tal currículum, no es extraño que Joseph Pulitzer reparara en ella y la fichó para el «World». Nellie entró por la puerta del manicomio como Nellie Brown y salió con un gran reportaje de investigación que se adelanta un siglo a Günther Wallraff y sus cabezas de turco. Su método: «No intenté seguir con el falso personaje de loca, sino que hablé y actué como lo hago en la vida real. Y, aunque suene extraño, cuanto más sensatamente hablaba y actuaba, más loca me consideraban todos, excepto los médicos...». Su denuncia: «Inyectan tanta morfina y cloral que las pacientes enloquecen. He visto a esas mujeres volverse locas pidiendo agua debido a los efectos de las drogas, y a las enfermeras negársela. Les he oído suplicar toda la noche una gota y no recibirla. Yo misma grité pidiendo agua hasta que mi boca estuvo tan seca y resquebrajada que no podía hablar».

«Globe-trotter» del «World»

Pero volvamos al viaje de Verne. Nellie tuvo la idea un domingo por la tarde -ya se sabe que los domingos por la tarde son aburridísimos-. La joven supo que una compañía naviera aseguraba que ya se podía realizar la vuelta al mundo en menos de ochenta días. ¡Retar al heroico Phileas Fogg! Nellie se lo propuso al director del «World», y éste, machista de manual, le vino a decir que una frágil jovencita no podría hacer un viaje tan arriesgado sin protección... Y lo que es peor, cargada de maletas... Eso era cosa de hombres. La contundente Nellie le hizo recapacitar de golpe: «Muy bien... Usted envíe un hombre y yo saldré al mismo tiempo en representación de otro diario -seguramente de Hearst- y ganaré...».
Lo convenció, cómo no. El 22 de noviembre Nellie arribaba a Southampton y los promotores de la expedición coligieron que sería una buena publicidad que hiciera una parada en Amiens para conocer a Verne. «Después de un accidentado viaje, la globe-trotter del «World» se encuentra hoy en Southampton. Si tiene tiempo suficiente, visitará a Verne en Francia», anunciaba el diario en portada.
No hace falta aclarar que el viaje de Nellie se publicaba por entregas, aderezado con incidentes a veces exagerados para que los lectores se engancharan al «World» como moscas a la miel.
El encuentro de la reportera con Verne lo organizó el periodista Robert Sherard, amigo del escritor y corresponsal del «World» en Inglaterra. Verne conocía bien EE.UU. que inspiraron sus referentes literarios. Nellie le describió minuciosamente el trayecto previsto. Había llegado en barco y ahora, ya en Calais, tomaría el tren exprés con destino a Brindisi, donde embarcaría de nuevo hasta Port-Said. El viaje continuaría por Ismailia, Suez, Adén, Colombo, Penang, Singapur, Hong Kong, Yokohama, San Francisco y Nueva York. Cuando le expuso la ruta, Verne inquirió: «Por qué no va a Bombay, como Phileas Fogg?». La respuesta de Nellie fue terminante: «Porque me interesa mucho más ganar tiempo que salvar a una joven viuda». El viejo escritor coqueteó con la joven periodista: «Es posible que salve a un viudo joven antes de volver de su viaje...».

La habitación de Verne


No había más tiempo para fraseos galantes. Nellie pidió a Verne que le mostrara el despacho donde nacieron tantas novelas prodigiosas. Pensaba encontrar una espaciosa y lujosa estancia, pero cuando la esposa del escritor, Honorine, prendió la luz de gas que pendía sobre la chimenea, Nellie descubrió una habitación pequeña, muy austera. Sobre la mesa reposaban los últimos manuscritos de Verne, cargados de correcciones: prefería suprimir que añadir. Una mesa, una silla y un sofá bajo. Y nada más. La reportera se asomó a la ventana y divisó la aguja de la catedral de Amiens, el parque y el túnel del ferrocarril. En la biblioteca, Verne le indicó en un mapa el itinerario que guió «La vuelta al mundo en 80 días». «Era como un jovencito atractivo, muy capaz de hacer el viaje en el tiempo previsto», escribirá Nellie. Los días fueron pasando hasta que el 26 de enero de 1890 el «World» anunció en primera plana que Nellie Bly había culminado la proeza y, además, en menos tiempo: ¡72 días! La crónica iba acompañada de una felicitación de Verne.
A su retorno del Gran Viaje, Nellie era una reportera consagrada con sólo veinticinco años. Su récord fue superado por Georges Francis Train que redujo la vuelta al mundo a 62 días. No importaba. Sus reportajes mantienen la frescura de lo auténtico, salpicados de diálogos y comentarios irónicos que aquilatan la denuncia social.
La chica capaz de engañar a los psiquiatras haciéndose pasar por demente en aquellos «diez días en un manicomio», la globe-trotter que multiplicó las ventas del «World», no se sintió recompensada por sus méritos. Tras abandonar el diario y casarse con un millonario en 1895 acabó regresando al periodismo. No podía vivir sin adrenalina: llevó los negocios de su marido, navegó en solitario, defendió el voto femenino, vivió de cerca la Guerra del 14... Sólo una neumonía en 1922 rindió a la mujer indomable.


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Éste es uno de los muchos ejemplo de grandes hombres y mujeres que pasaron desapercibidos a la historia. Personalmente, me parece fascinante. Voy a investigar más.

Arkelao

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