Relato: No soy para nada especial

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo

Relato: No soy para nada especial

Mensaje por Willybel el Jue Nov 19, 2009 10:26 pm

No os asusteis con el titulo que no se trata de ningun tipo de relato emo (XD). Estoy bastante orgulloso de este ya que es una historia muy chula y creo que he sabido adaptarla bien (basada en un pequeño comic poco conocido). Espero que lo disfruties leyendo coo yo escribiendolo. Un Saludo (Para los que se den cuenta, si, es la base fundamental para el posterior "Informe Frame")
______________________

No soy para nada especial. Soy uno de más de una larga serie. Nací un 25 de Octubre del año 1884 como uno más de una gran saga de hermanos. Me manufacturaron como al resto. No tengo errores de fábrica, ni marcas personalizadas, ni golpes, ni mellas. Cargo seis balas en el tambor al igual que lo hacen los doscientos hermanos que comparten mi fecha de nacimiento y los miles que han nacido en la misma factoría.

No me vendieron por un precio especial, ni me compraron para un regalo. No me decoraron con graciosos lacitos o me enfundaron en una caja acolchada como regalo de un gran político. No me vendían en una oferta dos por uno, ni regalaban más munición si me compraban antes de fin de año. No fui objeto de exposición ni el primero (o último) en ser vendido en la tienda. Tenía un mote, pero el resto de mis hermanos también lo tenían. Nos llamaban “Pacificadores”.

Llegue al pequeño comercio de Little Dawnwood desde el almacén de mi fábrica natal en alguna parte del estado de Carolina del Norte. En la diligencia compartía espacio con tomates, patatas, herramientas de minero y un curioso saxofón.
Ya en la tienda no tuve, como bien dije anteriormente, de ser expuesto al público. Pero tras cinco hermanos míos fui finalmente recogido de mi oscuro retiro en el fondo de la caja en la que fui embalado, transportado y depositado desde la fábrica para ser vendido.

Mi dueño era un anciano granjero. Había ganado en el juego y la idea de tener un arma propia podía hacerse realidad. Me eligió no por mi calidad, ni precisión, ni precio. Sencillamente porque era el que más había oído en boca de amigos. Fui vendido (ahora mismo no recuerdo la cantidad, pero creo que por lo menos mi precio era respetable) y, ya que mi nuevo amo no disponía de tanto dinero, incrustado en su pantalón al indisponer de cartuchera.

De vuelta en la granja, mi amo me uso torpemente para intentar derribar unas latas. A una acerté de lleno, tras cuatro disparos, y tengo la certeza de que fue de casualidad, pero mi anciano amo se dio por satisfecho con su puntería. Esa misma tarde me guardo en un pequeño baúl junto a algunos recuerdos suyos de infancia.

Durante unas semanas pensé que me usaría para defenderse de forajidos o bandidos. De esa gente que se quiere aprovechar de la inocencia de un pobre viejo. Pero por entonces yo era aun recién manufacturado, con cinco disparos de experiencia (y un solo acierto) y tenia esas ideas románticas sobre un arma en mi…digamos…cabeza. Un día volvió a abrirse el baúl, la mano anciana me sostuvo de nuevo y con ella salí de la casa. Mi amo descerrajo el último disparo de mi tambor contra un grupo de cuervos que picoteaban su siembra. Como no, fallo.

Enfadado por no recordar la cantidad de balas que disponía, mi amo me lanzó furiosamente contra el suelo. No fue un duro golpe ya que la tierra, recién escarbada, era blanda. Me volvió a recoger y entramos en casa. Allí me limpio, me recargó con unas balas compradas el mismo día que yo y de nuevo al baúl.

En esta ocasión pasaron tres meses hasta que se volvió a abrir el cofrecito. Pero la mano que me agarró era bastante más joven, pero no tanto como para ser de un adolescente. Por la conversación en la que me vi envuelto descubrí que aquella mano era del nieto del granjero, el cual había fallecido de una enfermedad, y ahora, por términos hereditarios, pasaba a su propiedad.
Mi nuevo amo me sacó de aquella casa que podría llamar la de mi infancia. Me revisó como a un profesional, me volvió a limpiar y, esta vez, me coloco en una cartuchera (muy usada y vieja pero por lo menos no era un sucio pantalón de granjero). Este nuevo amo me trataba como a un tesoro. En varias ocasiones me sacaba a relucir entre las miradas de sus colegas y se deleitaba explicando que cosas podía hacer (la mayoría no creo ni yo que de verdad sea capaz de lograr).

Mi amo fue contratado (mejor dicho, fuimos contratados) para proteger a un minero independiente. Había conseguido oro en el río y quería llegar hasta el banco de una gran ciudad evitando posibles asaltos. Una hora después de ponernos en marcha, mi séptimo disparo acertó al minero entre los omóplatos. Es un disparo del cual no me siento nada orgulloso.

Al llegar a la ciudad más cercana (que vaya casualidad, se trataba de Little Dawnwood, de nuevo) mi amo enfilo de cabeza el viejo Saloon donde, sin ningún problema al enseñar la bolsa de oro, obtuvo una plaza en la mesa del póker. No sé nada de este juego tan extendido por el país, pero si de una cosa sabía era del rápido ritmo en el cual menguaba esa bolsa de oro. Finalmente, como sospechaba, mi amo quedo con las manos vacías. Así que la última apuesta sería yo. Una preciosa escalera de color me hizo cambiar de dueño. Esté, un tahúr elegante y algo apuesto, no se molesto en revisarme lo más mínimo. Comprobó rápidamente que mi martillo funcionará y que aún quedaba al menos una bala en el tambor. Tras esto me introdujo en el cajón de la mesa de juego.

Mi estancia esta vez fue de tres días. En ocasiones se abría el cajón cuando la mano de amo buscaba alguna ficha perdida, el pañuelo o quería depositar algo de calderilla. Tras estos tres días, el cajón fue abierto rápidamente y la mano firme y segura de mi tercer amo se abalanzó sobre mi culata. Salí rápidamente a la luz y, antes de ser efectuado mi octavo disparo en vida, vi apuntándome uno de mis hermanos. Su dueño cayó violentamente sobre otra de las mesas del bar seguido por este hermano mío. Me sentía lleno de adrenalina. Esto era en lo que soñaba. Duelos a muerte entre varias personas. Mi amo parecía seguro y rápido conmigo en la mano y estaba impaciente por descargar mis cuatro balas restantes.

Aún resoplaba el humo del disparo cuando noté que los fuertes dedos de mi amo dejaban lentamente de asirme. Alguien le había clavado un cuchillo a mi actual amo por la espalda y se desplomaba al suelo. Un minuto más tarde, aprovechando la confusión posterior a la pelea, mi cuarto amo me agarró con manos temblorosas.

Se trataba de un mejicano endeble, tímido y asustadizo. Pero no se cansaba de mirarme y se creía envalentonar cuando me sostenía. Comentaba a solas como su terrible hermano mayor le explotaba de sobremanera en la carga y descarga de diligencias. Quizás fue él quien me descargo a mi llegada a Little Dawnwood.

En efecto, el hermano era terrible. Le conocí esa misma noche, solo una hora después de adquirir nuevo dueño. Era feo de rostro, de cuerpo ancho no por músculo sino por grasa pero seguramente asustaba al resto de los humanos. Tenía un poblado bigote negro. Discutieron mezclando palabras de dos idiomas hasta que mi cuarto amo me sacó a la luz de detrás de su mal trenzado poncho de colores chillones. Cuál fue mi sorpresa cuando vi que el hermano no se amedrentaba ante mi letal presencia.
La mano grande y velluda de este hermano se acerco a mi cañón mientras notaba como a mi dueño le temblaban las manos por los nervios de la situación. Efectué mi noveno disparo y derribe a un hombre de más de cien kilos con un agujero en el pecho. Mi dueño, corroído por la culpa de su reciente acto, agarró algo de dinero de un jarrón sin flores y salió corriendo.

Little Dawnwood limita a veinte kilómetros con los desiertos del Oeste. No sé exactamente por qué en esa dirección, seguramente intentará mi amo llegar a México para evitar la justicia norteamericana. De todas maneras con una pistola y dinero no se puede comprar o robar agua en un lugar donde no la hay. Pensaba que mi amo moriría de sed en un par de días pero no fue así. La partida de jinetes que salieron tras este asesino de Little Dawnwood nos alcanzaron un atardecer, acribillaron (sin respuesta de mi parte por la rapidez del asalto) a mi amo y caí rodando y rebotando en la seca tierra hasta el lecho seco de un arroyo.

Esa misma noche la pasé recordando hasta la fecha mis actuaciones. Al volver a aparecer el sol, cambié el hilo de mis pensamientos mirando hacia mi futuro. ¿Me corroería hasta la eternidad? ¿Pasaría a formar parte de la estructura del nido de alguna criatura del desierto? ¿Volvería la suerte a proporcionarme un nuevo amo? Si a la última. La casualidad o el destino o lo que sea eso que hace que ocurran cosas improbables acercó a mi segundo dueño hasta el arroyo seco.
Se le veía mal. Desaliñado. Al perder todas sus posesiones en la relatada partida vagó por la ciudad y sus alrededores sin sitio a donde ir. Al igual que el hermano fratricida, se encaminó en el desierto con incierto objetivo de destino. Tampoco pensó en cargar con agua y se encontraba tan seco que ni el espantoso calor le producía ya sudor alguno.

Al verme sonrió como si de agua me tratase ¿Creía que era un espejismo? ¿Pensaría beberme? Me agarró a dos manos pero en dirección opuesta a la que aconseja mi manual de instrucciones. Antes que pudiera pensar en el porqué, el décimo tiro salió raudo de mi tambor, atravesó el cañón e impactó con desagradable resultado en el rostro de mi segundo y quinto amo. Al caer al suelo soltado por las manos ahora inertes, un undécimo disparo rompió el sonido neutro del desierto.

Los buitres y chacales e insectos variopintos no tardaron en llegar a despojar a mi último amo de su propia carne. Yo contemplaba silencioso y banal para la fauna este espectáculo tan grotesco. Pero los reflejos que el sol hacía sobre los pocos milímetros cuadrados de mi superficie aun no manchados por el polvo llamarón la atención de una de estas carroñeras aves. Me picoteo en una búsqueda por averiguar qué tipo de objeto era. Eran tan fuertes estos picotazos que uno de ellos, casualmente de buena presión y en el lugar preciso, me reactivo y lanzo mi undécimo proyectil contra la masa de criaturas que devoraban el cadáver de mi amo.

Herí a un chacal en una de sus patas y el sonido ahuyentó a todo aquello que tuviera piernas (mi amo por supuesto que no, ya le habían devorado las suyas). De nuevo solo, pensé que el sonido de mis tres últimos disparos tendría que haber llamado la atención de algún otro humano que rondará en las cercanías. Le espere durante tres días pensando qué tipo de persona sería este nuevo dueño, que rostro tendría, para que me utilizaría y que aventuras me esperaban aun.

Al decimoctavo día conseguí concienciarme de que de esta ya nada me sacaría. El polvo se acumulaba fuera y dentro de mis piezas más precisas y de ser encontrado por alguien no creo que quisiera recogerme por la inutilidad que presentaba.
Me concentré, saque fuerzas de donde no las había y conseguí mover hacia atrás el gatillo ya con signos de oxidación. El resto fue rápido y sencillo. La duodécima bala no recorrió más de un centímetro tras su punto de origen al trabarse con el polvo y tierras que obstruían el cañón. Al no tener por donde salir, los gases de la detonación encontraron hueco en las fisuras pequeñas que el sol había formado en mi metal por acción de las altas temperaturas a las que estaba sometido. En una explosión de tierra y metal que retumbó por el desierto acabé mi corta vida de revólver.


INFORME PARA COLT Nº 566B - 3408
- Ha cuarenta millas del pequeño pueblo de Little Dawnwood (Utah), en pleno desierto, se localizaron dos cadáveres bastante cercanos el uno del otro. Según investigaciones policiales se podían tratar de Evaristo Gómez, un mejicano acusado de matar a su hermano mayor; y John Moore Robinson, un fugitivo de la ley acusado de matar a varios mineros en la zona para apoderarse de su oro. En lo que nos respecta, junto al cadáver del segundo personaje apareció uno de nuestros modelos “Pacificadores” (exactamente un Mk.II 45-C nº 3408) literalmente hecho trizas. Según un estudio en la localización hecho por mí, descubrí que el tambor se encontraba vacío. El informe policial confirmó que el hermano asesinado de Gómez así como los maltrechos restos de la sien de Moore Robinson revelaban un impacto de un calibre perteneciente a este modelo de revólver encontrado en el desierto. Una bala de similares características encontré entre los restos del arma.
- La curiosidad, por la cual se redacta este informe, reside en el posterior análisis de los restos del revólver. Mis estudios indicaron que, por extraño que parezca, el Colt Mk.II 45-C nº 3408 explotó de dentro hacia fuera a consecuencia de un disparo realizado con el arma en pésimas condiciones de limpieza y mantenimiento. Este disparó se realizó a posteriori de la muerte de ambos cadáveres, antes de la llegada de la policía y con el arma en el suelo ya que no se encontraron restos de un impacto ni de huellas de un tercer individuo.
- En conclusión, uso este ejemplo para llamar la atención de la posibilidad del siguiente fallo en nuestros modelos Mk.II 45-C: Posiblemente, por la elevación de la temperatura en el interior del tambor (el sol incidiendo directamente en el metal del arma) pueden inflamarse los productos fulminantes de la pólvora y realizase así un disparo de manera automática. Espero que sirva para tomar las medidas adecuadas en vista de mejorar futuros modelos como el Mk. II 47 ó el próximo Mk.III
Brandon Wellman, Perito de Colt CO. en Utah a 13 de Agosto de 1885

NOTA: El arma analizada se encontraba amartillada en el momento del último disparo.

Willybel

Cantidad de envíos : 110
Edad : 28
Localización : Villa y Corte de Madrid
Especialidad Steam : Historiador, cinematógrafo, escritor,...
Reputación : 0
Fecha de inscripción : 17/11/2009

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Relato: No soy para nada especial

Mensaje por Invitado el Vie Nov 20, 2009 3:15 pm

Realmente original, tú biografía de un Colt Peacemaker, que además es una de mis armas favoritas.
Te felicito. Lastima que se suicidase, un arma de ese tipo se puede con un poco de cariño y despues de desmontarla, limpiarla y engrasarla, recuperar y dejar en perfecto estado de funcionamiento, me imagino que el revólver ignoraría ese dato y por eso se suicido.

Invitado
Invitado


Volver arriba Ir abajo

Re: Relato: No soy para nada especial

Mensaje por Jacques Lovesteel el Vie Nov 20, 2009 3:36 pm

Una apuesta muy orginal. me estoy convirtiendo en un seguidor suyo.

Jacques Lovesteel

Cantidad de envíos : 632
Edad : 30
Localización : gran ciudad de Metragirta
Especialidad Steam : caballero de fortuna
Reputación : 0
Fecha de inscripción : 16/04/2009

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Relato: No soy para nada especial

Mensaje por Contenido patrocinado Hoy a las 12:49 am


Contenido patrocinado


Volver arriba Ir abajo

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba

- Temas similares

 
Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.