amanecer de acero.

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amanecer de acero.

Mensaje por Jacques Lovesteel el Mar Nov 17, 2009 12:05 am

el titulo es provisional. es una historia que continuare y en fin espero que al menos os entretenga. hace tiempo que no escribia nada y con esto empiezo a quitarme las telarañas mentales.

Según su reloj ya hacia 10 horas que el pequeño aerostato había abandonado Persepolis en dirección a la nueva provincia de Siria.

Azarmig miraba por una de las ventanas como el paisaje semidesértico de los páramos daba paso a las verdes llanuras del delta. La costa ya no andaba lejos.
El pequeño dirigible que realizaba funciones de transporte empezaba poco a poco a ganar altura , Azarmig con gesto meditativo intentaba entrever los motivos de las repentinas ordenes que le habían hecho dejar su puesto en Babilonia.
Allí disfrutaba por fin de un descanso que le apartaba de las misiones en la frontera oriental, combatiendo a los bandidos escitas, o a los señores de la guerra tártaros, o deteniendo a los contrabandistas aéreos indios. Misiones que como capitan de los Anusiyá el cuerpo de elite del Imperio Persa estaba mas que mas que acostumbrado a afrontar. Pero después de la rendición y sometimiento de los Tártaros a la autoridad imperial las cosas se habían relajado, y aunque a esto le siguió la campaña de conquista de Siria el Emperador había decidido su guardia de elite no tomara parte en ella. De esta manera durante el ultimo año, Azarmig y casi la mitad de los Anusiyá fueron acuartelados en Babilonia; ciudad que aun habiendo sido abandonada hacia siglos se estaba a convirtiendo en uno de los centros culturales y científicos mas importantes a escala mundial. Los mejores arquitectos estaban combinando los estilos de la época de los Sasánidas con las nuevas estructuras de acero y cristal. Universidades, museos, pabellones de exposiciones y centros científicos recibían diariamente miles de objetos de valor incalculable que requerían de la vigilancia y protección de los Anusiyá o como eran conocidos en el resto del mundo la guardia de los Inmortales un apodo dado por los griegos hacia miles de años a los protectores del Emperador y su reino debido a que el cuerpo siempre mantiene diez mil efectivos y que en caso de bajas son sucedidos por los aspirantes del Claustro Dorado nombre por el que es conocida la academia de la guardia manteniendo así el mismo numero en todo momento.
Azarmig desde los 15 años, formaba parte del cuerpo mas antiguo del mundo con mas de dos mil quinientos años de servicio a Persia en contra de todos sus enemigo. El ingresó como los demás cadetes en el Claustro Dorado tras superar las pruebas de admisión empezó su adiestramiento en donde además de entrenarse en las antiguas artes marciales y en el manejo de innumerables tipos armas desde la espada hasta el moderno cañón de rayos, recibió clases de historia, aritmetica, idiomas, estrategia, ciencias modernas, manejo de vehículos, equitación, diplomacia y protocolo, entrenó su cuerpo y su mente hasta llevarlos al limite y al fin tras 10 años de dura formación y habiéndose producido una baja en el cuerpo recibió su primer uniforme y presto el juramento ante el mismísimo Emperador.

Pero de eso hacia ya mucho tiempo y Azarmig en su 9 años de servicio y a pesar de las aventuras vividas no se bahía sentido nunca tan inquieto.
No era normal que no le dieran ninguna explicación esta turbación aumentó en el momento en que el dirigible sobrepasó la costa y empezaba a adentrarse en el mediterráneo.
Sacó otra vez del bolsillo de su chaqueta su reloj, y al mirar la esfera rodeada de números cuneiformes dedujo que por el tiempo y la velocidad que era indicada por un panel situado encima de la exclusa de la cabina que al pequeño aerostato no le quedaba demasiado combustible por lo tanto y tiendo en cuenta que la costa ya había quedado atrás, su único punto de amarre posible seria uno de los navíos de la flota aérea.
Al menos ya sabía esto, y decidió resignarse a espera del desarrollo de los acontecimientos

Miro su uniforme, su chaqueta de gala verde con finos bordados en seda azul, iba en conjunto con sus pantalones grises en los que lucia su línea de honor; una tira de tela de color rojo que iba de los tobillos a la cintura y que daba testimonio de su valor en primera línea de batalla.
A su lado encima una mesilla estaban su sable y su casco ceremonial, observó la forma cónica del yelmo, en cuyo frontal, encima de la visera lucia la dorada estrella de Isthar el símbolo personal de emperador y que solo además de el podían llevar los Inmortales. Los rojizos rayos del atardecer que entraban por la ventana destellaban en la pulida superficie metálica resaltando la insignia.

De repente la voz de piloto resonó por los altavoces.
-Capitán Azarmig. Por favor váyase preparando, amarraremos en el Aqueménida en unos 10 minutos por el lado de estribor.

Azarmig que estaba en lado de babor. Se levanto rápidamente de su asiento y se dirigió a la ventana que tenia enfrente. La primera vista fue muy limitada ya que aun estaban atravesando la capa de nubosidad, pero al pasar unos instantes todo se aclaro y volando majestuosamente sobre el mar de nubes con rumbo a poniente apareció el dirigible clase destructor Aqueménida buque insignia de la fuerza aérea Imperial Persa.

El Inmortal quedó impresionado por la visión del enorme navío. Como el dirigible de enlace se estaba aproximando desde abajo, lo primero que llamo la atención de Azarmig fue la “góndola”, la esplendida estructura de ochenta metros de largo donde se concentraban los puestos de mando de la nave contaba con tres puentes exteriores que se unían en la proa justo en la cabina de navegación. Las hileras de pequeñas ventanas atravesaban longitudinalmente el navío interrumpidas a intervalos regulares por antenas de telégrafo o por los esféricos puestos de los cañones multitubo, estos parecían nimiedades comparados con las dos piezas de artillera de represalia de 300 mm que emplazadas en la parte inferior y apuntando al suelo daban la impresión de ser las piernas del gigante blindado. Por encima de todo esto la gigantesca cubierta de alumitanio salpicada de puestos de defensa anti- aerea, que protegían los vitales y valiosos depósitos de gas Enlilio.

Pero de repente una sombra cruzo los pensamientos sacándole de su admiración.

“ Si este es mi destino. Esto es mucho mas serio de lo que esperaba”

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Re: amanecer de acero.

Mensaje por Nicholas Cloudlake el Mar Nov 17, 2009 12:31 am

Me gusta me gusta, ¡sigue con ella! ¿Estudias historia o geografía?

Me recuerda mucho al juego Skies of Arcadia, no se por qué. En cuanto al estilo, mi única queja es que algunas frases son demasiado largas, pero sabiendo lo que abuso de las comas, igual el error está en mi forma de verlo =).

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Re: amanecer de acero.

Mensaje por Jacques Lovesteel el Mar Nov 17, 2009 12:37 am

me falta practica... mucha, pero gueno por algo hay que empezar, no estudia ninguna de las dos, pero la historia es mi pasion desde que mi madre me dejaba al cuidado de los libros de la bilioteca cuando era un enano. study

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Re: amanecer de acero.

Mensaje por Relojero el Mar Nov 17, 2009 2:21 am

Jacques Lovesteel escribió:Sacó otra vez del bolsillo de su chaqueta su reloj, y al mirar la
esfera rodeada de números cuneiformes dedujo que por el tiempo

Ojala tubiese ese reloj y la practica que tienes en escribir. Yo mataria por saber articular frases de esa manera XD

Suerte!

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Re: amanecer de acero.

Mensaje por Invitado el Miér Nov 18, 2009 9:16 pm

Estupendo relato herr Lovesteel, espero que realmente tenga continuación.

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Re: amanecer de acero.

Mensaje por Jacques Lovesteel el Miér Ene 13, 2010 3:51 am

Siento mi prolongada ausencia en el foro. pero estoy hasta arriba. os presento la continuación del relato. Espero que os guste




II (en esta parte intentare hacer las paces con las comas)

Al finalizar la maniobra de atraque, la escotilla articulada del Aqueménida se extendió lentamente, El corredor desplegable se aproximó, hasta que finalmente, con un leve chasquido saltaron los seguros como prueba de que el anclaje entre las naves era correcto, y el corredor estaba presurizado.

Tras despedirse del piloto del transporte, abrió la exclusa, y atravesó los diez metros de la pasarela; al final un oficial con el uniforme azul celeste de la flota le esperaba. Antes de pasar el umbral Azarmig hizo una leve reverencia y con voz tranquila se presentó.

-Capitán Azarmig tercer regimiento de los Anusiyá, Solicito permiso para subir a bordo.

-Permiso concedido señor. Respondió el oficial devolviéndole la reverencia aunque esta fue mas pronunciada. Es un gran honor tenerle a bordo, pase por favor, soy el Comandante Nargesss jefe de comunicaciones del Aqueménida, me han asignado para procurarle toda la ayuda que solicite mientras dure su estancia. Por favor si es tan amable acompáñeme. el Almirante en persona quiere darle la bienvenida.

Azarmig se limitó a asentir levemente, a pesar de que el oficial era de una mayor graduación a la suya, no tenia por que devolverle el saludo. Él como oficial de la guardia, solamente le debía obediencia a los oficiales de mayor graduación de la Guardia Inmortal, a los altos oficiales autorizados de los demás ejércitos, (como era el caso del Almirante) o al mismo Emperador, ya que solo de ellos podía recibir ordenes.

Atravesaron sin cruzarse con nadie el largo pasillo, Azarmig se fijo en que las paredes metálicas de color blanco no tenían una sola mancha de oxido, y el suelo de madera estaba recién encerado, cada vez que pasaron por alguno de los puestos de los cañones multi-tubo Azarmig observó que estos habían sido pulidos y limpiados hasta el punto de poder verse reflejado en ellos.

Admirado por el buen trabajo y la disciplina que se entreveía de la tripulación felicitó al oficial.
-Es en verdad excelente el mantenimiento de esta nave.

-Gracias señor, el Aqueménida se lo merece, es mas que un dirigible, es la promesa de nuevos tiempos.

Esto ultimo, lo dijo con tal énfasis, que despertó en Azarmig una extraña sensación, como si aquel oficial ya supiera algo importante, que el desconocía por completo del propósito de todo aquello.

Instantes después llegaron a un ascensor, tras abrir la verja el comandante le invitó con un gesto a subir. Al parecer el puente de mando estaba en el tercer nivel, aunque la nave contaba con cinco puentes, dos de ellos estaban dentro de la cubierta de los depósitos.
Durante la corta duración de la ascensión Azarmig observo detenidamente al oficial y durante un momento se quedo sorprendido por su apariencia. No debía tener muchos mas años que Azarmig y ya tenia un alto rango, pero esto no era tan extraño.
Los primeros dirigibles acorazados habían aparecido hacía apenas diez años, cuando el científico suizo Hans Riegël aisló el eolio en su laboratorio. Había descubierto un gas, que tenia 40 veces el poder de sustentación del helio, Apenas dos años después patentó su costosa producción industrial. Persia, que había sido pionera en dar importancia a los dirigibles para su uso tanto civil como militar, pronto adquirió el permiso para su elaboración. El inmenso territorio de Persia rodeado de amenazas necesitaba de una tecnología que le permitiera llevar de un lado a otro una fuerza considerable en poco tiempo si la situación lo requería. Y esto lo habían conseguido con los acorazados aéreos, Estos imponentes colosos del aire podían transportar batallones de tropas con todo su equipo, llevar a donde fuera suministros de todo tipo, evacuar ciudades en cuestión de horas, y barrer con su potencia de fuego, a cualquier ejercito enemigo lo bastante estupido como para no huir en cuanto ven unos destellos dorados y plateados en el cielo acercarse hacia ellos.

Sonó un timbre y el ascensor llego a la tercera cubierta. Enfrente de ellos estaban la compuerta de acceso al puente.
Esculpida en el acero de los portones; la efigie dorada de Shindar ,el grifo , el guardián sagrado del Imperio, símbolo de la fuerza vigilante, Azarmig quedo maravillado por la obra, Shindar aparecía de perfil, reposando con aire vigilante con las alas erguidas tal y como aparecía en la bandera imperial; con la única diferencia que en ésta debajo de Shindar estaba la estrella de Isthar de nueve puntas.

A ambos lados dos guardias de honor de la flota, con sus altos gorros de piel blanca y uniforme verde saludaron, llevándose la mano derecha abierta al pecho e inclinando ligeramente la cabeza, uno de ellos se dirigió a la pared y tras accionar una pequeña palanca las dos puertas se deslizaron con un largo sonido neumático.

Azarmig se adelantó. La entrada daba a una plataforma elevada de la que a ambos lados salían dos escaleras curvas. Enfrente, el gran ventanal de veinte metros de largo reforzado por vigas curvadas que le daban un cierto aspecto de tela de araña. Las nubes del crepúsculo rosadas el mar dorado, eran un escenario extraordinario en donde resaltaban quince dirigibles de la flota que precedían al Aqueménida.

Se inclino apoyado sobre la baradilla y asombrado vio el cerebro de la nave.

Un ruido repetitivo y a la vez aleatorio, le hizo mirar al puesto de los radiotelegrafistas, que sin cesar enviaban y recibían multitud de mensajes, estos brotaban de los aparatos en forma de teletipo. De vez en cuando, uno de los técnicos se levantaba para llevar un montón de informes hasta un oficial que los leía y los trasmitía por interfono. Esta frenética actividad contrastaba, con la del puesto de control de tiro en el lado opuesto de la sala. Los oficiales de los puestos miraban con aire tranquilo sus mesas de comando, mientras que el comandante de artillería paseaba con aire despreocupado, detrás de ellos supervisando con aire distraído a sus subordinados.
Pero era en el centro del puente donde Azarmig centro su atención. Casi debajo de él estaba la mesa de navegación y estrategia, donde había desplegado un gigantesco mapa de casi cinco metros de largo. En él, varios tripulantes con auriculares movían miniaturas de los dirigibles de la flota mediante largas varas según les iban comunicando nuevas posiciones. Azarmig distinguió por los galones al primer oficial, el cual estaba en el borde la mesa concentrado en algún punto del mapa.

Mas adelante estaba el puesto de los timones. Los dos pilotos, uno de ellos con el timón de dirección y otro con el de altitud, tenían la vista fija en el gran ventanal, solamente la apartaban para comprobar la consola de controles que incluía una esfera dorada rodeada de orbitas. A su lado el puesto del capitán destacaba por su sencillez una acolchada butaca giratoria atornillada al suelo, pero que por su posición, le permitía estar cerca del puesto de pilotos como del de control de máquinas, donde un oficial observaba los controles, mientras posaba la mano sobre la palanca del trasmisor del puente, que comunicaba directamente con el receptor de la sala máquinas, para trasmitir los cambios de velocidad.

Al girarse vio a Nargess al pie de la escalera mirándolo con una sonrisa y con la mano indicándole que bajara.

Si, disculpe dijo Azrmig.

Ya en el puente Nargess se adelantó, y Azarmig se limitó a seguirle hasta que llegaron al lado de los timoneles, que siguieron con su tarea, sin hacer ningún gesto. Enfrente de estos, dos hombre uno de ellos con un uniforme azul decorado con bordados dorados miraba por un telescopio fijado con una barra al suelo. El otro a su lado de pie, lucia un uniforme verde esmeralda, ambos parecían estar comentando algo hasta que de repente el comandante Nargess se cuadró, y dirigiéndose hacia ellos con una pronunciada reverencia dijo.

Capitán Eskandár, Almirante Manssur; El Capitán Azarmig acaba de embarcar y le traigo ante ustedes siguiendo sus ordenes.

Inmediatamente el Capitán Eskandar se irguió interrumpiendo su observación, y tras intercambiar un par de frases casi al oído con el almirante, se dirigieron hacia los recién llegados. Tras intercambiarse los respectivos saludos, el capitán Eskandar finalmente rompió el silencio.
-Bienvenido al Aqueménida espero que su estancia sea completamente de su agrado, por favor tendrá que disculparme pero el deber me reclama; gracias Comandante Nargess puede volver a su puesto.
Tras decir esto el capitán se marcho en dirección a la mesa de navegación, Nargess se despidió de Azarmig recordándole su entera disposición en cualquier cosa que necesitara. Azarmig pensó.
-Aquí todo el mundo entiende esto menos yo, esta situación no es normal;
Volvió a mirar al Almirante que mantenía su mirada en el mar de nubes. Sin volverse dijo:
Bien capitán, sus informes son excelentes. Sus superiores han destacado en usted su capacidad resolutiva, y su visión estratégica además de su arrojo y valor. ¿Es esto verdad?; por que es un hombre de estas características lo que necesito.
La pregunta pilló desprevenido a Azarmig. Pero en tan unos segundos se resolvió a contestar.
Solamente puedo ofrecerle, lo que mis superiores hayan tenido a bien contarle de mi persona. Quizás me sobreestiman pero tampoco voy a contradecirles.

El almirante Manssur se giró hacia Azarmig con una sonrisa dibujada en unos labios que parecian enterrados tras su espesa barba blanca. Sin dejar de sonreír, se quito la gorra y se paso la mano por sus encanecidos cabellos finalmente dijo:
-humilde pero sin falsa modestia, creo que he acertado con usted. Estará deseando saber cual es objetivo de todo esto ¿verdad? Bien sígame capitán vamos a darle su papel en esta obra.


-Si Azarmig hubiera echado un vistazo por el telescopio, habría podido observar como un pequeño punto se acercaba más y más al Aqueménida.-

Surcando el aire y ascendiendo velozmente, un extraño dirigible mantenía el rumbo en dirección hacia la flota persa.

Su tamaño no excedía de los treinta metros de eslora, y su forma parecía inspirada en las típicas embarcaciones indias de proa estrecha. Las marcas de oxido en el casco, sugerían que esa forma no era casual y que la nave estaba diseñada para realizar amerizajes; la presencia de multitud de lapas y demás crustáceos adheridos a las chapas metálicas así lo confirmaba. Su aspecto, no difería mucho de las chatarras volantes que utilizaban los mercaderes del Indostán. Pero había en el algo, que sugería que su aspecto exterior era solo pura apariencia
Ya fuera por los portalones de los costados que cobijaban sendos cañones, por las ametralladoras Gatlin apoyadas en las barandillas, o por la torreta artillada de proa que parecía hacer las funciones de mascaron.
Pero si ya se fijaba la vista, en la bandera que en el castillo de popa ondeaba al viento la imagen de la diosa Durga, sujetando un arma en cada una de sus ocho manos. Podíamos darle ya nombre, El Nayakán el dirigible pirata de la Bruja roja. El principal quebradero de cabeza de la Royal air force.

“La Bruja roja”. Ese apodo siempre hacia sonreír a Reena. Ya se había acostumbrado a él, aunque desde luego nunca se había presentado con ese nombre tan extravagante. Se preguntó cual había sido su origen exacto. Sabía que los primeros en llamarla así habían sido los pilotos de la fuerza aérea de la compañía de las indias orientales, pero no sabía exactamente a quien atribuirle la ocurrencia. Que más daba, -pensó- mientras que tiemblen al oirlo.

En su camarote se miraba en el espejo de estilo francés, que hacía unos meses había sido propiedad de un gobernador ingles. No era de general coqueta pero aquella ocasión lo requería. Contempló su imagen en el espejo, mientras terminaba de recogerse con aros de plata su melena rojiza en una larga trenza. Su figura esbelta se dejaba ver perfectamente por el ceñido chaleco de cuero marrón. Se ató los puños de la camisa de lino, pero opto por dejar el cuello abierto dejando a la vista un pequeño pero atractivo escote.
-“hoy peleare con la persuasión y necesitare todas mis armas” .Pensó mientras sacaba de un cajón un puñado de anillos de diferentes formas y tamaños. Tras elegir unos cuantos, volvió a mirarse en el espejo.
Su piel oscura de color caoba no tenía ni una sola marca, a excepción de un tatuaje que comenzaba en su hombro con motivos vegetales hasta terminar en su mano trasformándose en dos elegantes garzas. Miró sus ojos, y tuvo esa extraña sensación, que nos recorre a todos cuando nos miramos detenidamente los ojos en el espejo; y nos damos cuenta del tiempo que no lo hacíamos. Uno era entre verde y amarillo como la miel de Zaahar; y otro azul como el mar. Sonrió y recordó la historia de que al nacer, la comadrona le había dicho a su madre que sus ojos era un buen augurio, y que vería con esos ojos, cosas nunca vistas por ningún otro mortal.

Escuchó una voces que procedían del exterior, se levantó y a paso rápido se dirigió a la puerta, de un colgador recogió un cinturón del que pendían un sable curvo, varias cartucheras y una Ray-gun enfundada. Abrió la puerta y en cubierta vio a su primer oficial, Atheas con un catalejo en la mano, dando ordenes al timonel.

- ¡Subid doscientos metros y mantenerlo, reducir velocidad a diez millas!.
Gritaba el gigante al timonel que estaba en la cubierta superior.

-¡Comprendido señor. Doscientos alza, diez en progreso!
Obtuvo como respuesta.

Reena se dirigió hacia el mientras se abrochaba el cinturón.
Atheas era un Escita de casi dos metros de puro músculo. Sus melena rubia, su piel curtida por el sol y las trenzas de su barba (una tradición de su clan) le daban un aspecto fiero. Pero Reena le conocía desde hacia casi veinte años, cuando ambos apenas tenían diez años y se escapaban juntos siempre que podían de la escuela de Udaipur. Y sabía perfectamente que debajo de esa fachada de bruto, se ocultaba una mente inteligente y un alma noble. El era su mano derecha, su primer oficial y su mejor amigo.

-¿Que tal va todo?, ¿has mandado el mensaje?
Preguntó Reena mientras apoyaba una mano en el hombro de su oficial .

-A lo primero te diré que mal, esto es una locura Reena. Me da mal palpito, a lo segundo, sí, lo he enviado y han contestado. Nos dicen que nos aproximemos a su buque insignia por estribor, ellos harán el resto. Atheas dijo todo esto con el ceño fruncido.

Tranquilízate grandullón. Esto ya lo hemos hablado. Hay demasiado en esto para que solo sea una trampa.

-¿Qué me tranquilice?. Reena nos dirigimos solos a una reunión con toda la armada persa, que por si se te ha olvidado son nuestros perseguidores mas habituales después de los británicos.

Atheas dijo esto con gesto preocupado, mientras se apartaba de Reena para dirigirse hacia una de las ametralladoras de estribor, Reena conocía ese gesto; siempre lo hacia cuando algo le inquietaba. Le daba seguridad apoyarse, en alguna de las armas pesadas del barco. Como si un calibre veinticinco pudiera arreglar todos los problemas.

Reena le siguió, y cogiéndole del brazo le giró para mirarle a los ojos.

-Todo va a salir bien, nunca te he engañado y nunca lo haré. ¿Qué puede salir mal?. No me dirás que el mismísimo Atheas, el pirata aéreo mas temido de los cielos al oeste del Ganges reniega de una aventura peligrosa con gran posibilidad de beneficios.

-Siempre consigues engatusarme. En fin ya que más da, no podríamos huir aunque quisiéramos, y sobre lo de beneficios, no creo que veamos una sola rupia al terminar esto.

Dijo finalmente Atheas resignándose

-¡Así me gusta con ánimo!
Exclamó Reena con un claro tono de ironía mientras le daba una fuerte palmada en la espalda a Atheas,
-desde luego, que si yo no estuviera aquí ,seguro que acabaríais por vender la nave y montar un negocio de costura.

Se quedaron los dos unos segundos apoyados en la barandilla mirando el mar. De repente el gesto de Reena cambio y con una sonrisa picara dijo.

-Además él esta allí.

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Re: amanecer de acero.

Mensaje por Invitado el Jue Ene 14, 2010 10:43 pm

Estupendo relato, siga así Wink .

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Re: amanecer de acero.

Mensaje por Jacques Lovesteel el Jue Ene 14, 2010 10:46 pm

Gracias Mr Electro. Prometo que para la siguiente entrega, empezará la acción.

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Re: amanecer de acero.

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