Relato: El Espejo de John Milberg

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo

Relato: El Espejo de John Milberg

Mensaje por Nicholas Cloudlake el Lun Nov 16, 2009 10:54 pm

Bueno, uno de mis hobbies principales es escribir, y aunque me queda mucho por aprender, no me faltan ilusión y ganas, que es lo que importa =).

Hoy mismo he escrito el primer relato de estética steampunk de mi vida, basado en ciertas reflexiones mías después de la película \"el truco final\".

Espero ansiosamente vuestra crítica.




El Espejo de John Milberg



John Milberg exhaló dos suspiros. A un lado de la sala, el último, y al otro, la enésima señal de su desesperación. Una vez más, había sido incapaz de llevar a término el experimento que daba sentido a su obsesión, a su vida.

Acompañando a su aliento ascendía el humo del revólver, retorciéndose en el aire viciado, reflejando demonios en las paredes de cobre. John enterró la cabeza entre las manos, sollozando. Minutos después salía de la cabina por el estrecho canal de paso, y ordenaba distraído a su ayudante deshacerse de los restos mortales.

No podía apartar los gritos de su mente. Él mismo, John Milberg, había abierto los ojos de terror, llorado, suplicado por su vida. ¿O no era John Milberg? Después de todo, sólo uno de ellos tuvo el revólver a mano. ¿Le daba eso validez a su vida frente a la de su otro yo, el clon antinatural al que acababa de asesinar?

Hoy tampoco podía dormir.

Nunca podría ya. La maquinaria del reloj de pared destruía paulatinamente su mente. ¿Cuántas veces habría abierto los ojos frente al cañón de su pistola? La locura llamaba a la puerta, y sólo había una solución: asesino y víctima debían reconciliarse.

Cuando se padece insomnio el tiempo se condensa, se expande, se contrae, se rebela nublando la visión y el juicio, impidiendo a la mirada centrarse en el mundo tangible. Tal vez por eso John Milberg no recordaba cómo ni cuándo había recorrido la noche de Londres en completa soledad de vuelta a su estudio.

Su ayudante no volvería hasta la semana siguiente. Su ausencia se sumaba a la larga lista de factores que definían aquel lugar como el último en el que Milberg deseaba estar, y el que tan desesperadamente necesitaba.

Con timidez al principio, y después con la intensidad de siempre, Edison le reveló la máquina que nunca debió ser construida. Perfectamente simétrico, un óvalo cobrizo remachado con habilidad y devoción relucía implacable, desafiando a la tristeza del almacén. John acarició la piel metálica, recorriendo su perímetro. Se detuvo ante la abertura y se sumió en una profunda reflexión.

Aquel era el día. No volvería a entrar armado. Extrajo el revólver del bolsillo de la chaqueta y lo arrojó distraídamente al suelo. El ensueño febril guió de nuevo sus pasos durante la puesta a punto de la maquinaria, y sus gateos a través del túnel.

Sentía la presión electrostática en la piel. El ingenio crepitaba lleno de energía, y una vez dentro no pudo evitar maravillarse ante la simetría del habitáculo. Sólo dos elementos perturbaban la perfeccion; uno, el túnel de entrada al norte, y otro, las pequeñas cajas de material aislante a los extremos este y oeste. En una de ellas había reposado el arma, cuando Milberg no se había sentido capaz de enfrentarse a su propio reflejo. Hoy las cajas estaban vacías, y hoy su alma, sus almas, encontrarían reposo.

Caminó como de costumbre hacia el oeste, cerró los ojos y esperó en silencio a que la ciencia obrara su milagro.
Un destello de luz, un ruido tremendo, ensordecedor. Sus sentidos quedaron anulados, su cuerpo desconectado del mundo. Instantes después estaba de vuelta, y frente a él estaba John Milberg.

Al otro lado de la sala, el científico despertaba, y frente a él también estaba John Milberg.

La mano de ambos voló, como de costumbre, a la caja. Sin embargo, ésta vez ninguno de ellos extrajo el arma. La simetría permaneció intacta, y un suspiro de alivio atravesó sus labios.

Se contemplaron mutuamente. Sin los gritos, sin el irracional temor a la muerte interponiéndose entre ellos, del silencio surgieron el reconocimiento mutuo, la simpatía trascendental entre dos seres que comparten una identidad y un destino, y por último, dos sonrisas de calma y redención.

Las dos imágenes especulares caminaron dubitatibamente hasta encontrarse a escasos pasos de distancia. Se observaron fijamente. El universo no colapsó, no se desintegraron sus cuerpos. Las dos mentes de John agradecieron en silencio a Dios por no castigar aquella aventura antinatural.

–Parece que, después de todo...
–Parece que, después de todo...

Parpadearon sorprendidos. Ninguno había percibido la voz del otro, pues ambas habían surgido en perfecta armonía.

–Claro, ¡seguimos el mismo proceso mental!
–Claro, ¡seguimos el mismo proceso mental!

El dúo coronó la declaración con una sincera carcajada. Naturalmente, ¿Cómo no lo habían pensado? Si compartían mente, cuerpo, apariencia, punto de vista, nada podía distraer el fluir de sus pensamientos. Llegarían a las mismas conclusiones, compartirían aquella magia simétrica que tanto les divertía, en tanto que el entorno constituyera un espejo perfecto.

Contemplaron la postura del otro, y observaron que desde su actitud física hasta los pliegues de su ropa eran iguales al milímetro. Lógicamente, la comunicación carecía de sentido por el momento, pues sus pensamientos eran idénticos.
John se sentía verdaderamente interesado en conversar consigo mismo, así que resolvió romper la simetría.

Giró la cabeza hacia el túnel, y de inmediato, un escalofrío recorrió su espalda.

No, no podía ser, no... Despacio, se volvió para mirar a su acompañante, que devolvía la mirada con un terror indescriptible, que sentía emanar de sí mismo.

–Tú primero...
–Tú primero...

Los dos John Milberg suspiraron y enterraron la cabeza entre las manos, en aquel gesto que conocían tan bien.

–Maldita sea... En el túnel sólo cabe uno...
–Maldita sea... En el túnel sólo cabe uno...

Poco a poco comprendieron la consecuencia de su error. Incapaces de asumirlo, caminaron hacia el túnel, y sus hombros chocaron, obstaculizando la salida. El miedo se abría camino. Se apartaron y se miraron con una expresión de disculpa e impotencia. Adelantaron la mano en un ademán de cortesía, pero en seguida la volvieron a bajar, conscientes de lo inútil del gesto.

Caminaron millas y millas, recorrieron la máquina desesperados, en busca de un pequeño error, un detalle imperfecto que rompiera el hechizo, pero no lo encontraron. La máquina era invencible. Horas, días después, las mentes destrozadas de John Milberg encontraron descanso, tras un último grito de súplica y desafío.

No hubo entierro, pues el Pastor no pudo elegir entre los dos cuerpos, abrazados para siempre en perfecta simetría en el interior de la máquina. Su vida y su ciencia se disolvieron entre el vapor y los sueños de Londres.


Última edición por Nicholas Cloudlake el Mar Nov 17, 2009 1:28 am, editado 6 veces

Nicholas Cloudlake

Cantidad de envíos : 123
Edad : 26
Especialidad Steam : Dinámica de sistemas, maquinaria.
Reputación : 0
Fecha de inscripción : 15/11/2009

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Relato: El Espejo de John Milberg

Mensaje por Jacques Lovesteel el Mar Nov 17, 2009 12:00 am

pues entonces esta ha sido una gran iniciación. me ha encantado.

Jacques Lovesteel

Cantidad de envíos : 632
Edad : 30
Localización : gran ciudad de Metragirta
Especialidad Steam : caballero de fortuna
Reputación : 0
Fecha de inscripción : 16/04/2009

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Relato: El Espejo de John Milberg

Mensaje por Indulgence el Mar Nov 17, 2009 12:38 am

Un solemne final el de el señor Milberg, un bello final.
Permita que le agradezca que nos haya dado a conocer una de sus creaciones, ha sido un placer adentrarse en el "hogar" de este frustrado científico rodeado por fulgurantes paredes de cobre.
En fin, continúe y no pierda ese empeño que ha mencionado, pues, como ya ha dicho también usted, es fundamental.


Cuando se padece insomnio el tiempo se condensa, se expande, se contrae, se rebela nublando la visión y el juicio, impidiendo a la mirada centrarse en el mundo tangible. Tal vez por eso John Milberg no recordaba cómo ni cuándo había recorrido la noche de Londres en completa soledad de vuelta a su estudio.

He de decir que este fragmento me ha recordado a "El Club de la Lucha", una obra de arte por cierto [al menos para mi] y más que una película, una forma de vida.

Indulgence

Cantidad de envíos : 272
Edad : 24
Localización : Labyrinth.
Especialidad Steam : Dusty Sewing Machine Artisan.
Reputación : 0
Fecha de inscripción : 04/09/2009

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Relato: El Espejo de John Milberg

Mensaje por Relojero el Mar Nov 17, 2009 2:12 am

Normalmente deboro cualquier texto que se publique en esto lugares, y el tuyo no iba a ser una excepción.

Me recuerda un pco al biopunk, pero más retro, así que conseguir en mi parecer, has conseguido cierta estetica steampunk, claro que no la clasica que todo el mundo cabria esperar. Más de uno ya lo etiquetaria diferente jejeje

Una gran presentación en el foro, practicamente triunfal.

Sigue así!

Relojero

Cantidad de envíos : 52
Edad : 25
Especialidad Steam : Novato desamparado.
Reputación : 2
Fecha de inscripción : 22/10/2009

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Relato: El Espejo de John Milberg

Mensaje por Contenido patrocinado Hoy a las 5:51 am


Contenido patrocinado


Volver arriba Ir abajo

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba

- Temas similares

 
Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.